Leemos , pero también somos leídos por otro. Interferencias entre ambas lecturas. Obligar a alguien a que se lea a sí mismo como le leen los demás (esclavitud). Obligar a los demás a que nos lean como nos leemos a nosotros mismos (conquista).

Simone Weil

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Cita

Dra. Corazón

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Estamos convencidos de que el tiempo es nuestro bien más preciado y regalarlo  a los demás no parece estar dentro de nuestras prioridades. Siempre hay pretextos para evitar llevar a alguien a hacer sus compras de la semana para ayudarlo con las bolsas. Nadie se le ocurre ofrecerse para dejar o recoger a algún amigo en el aeropuerto o  acompañarlo a hacer algún recado de vez en cuando para hacer parte de su día a día.

Si la conversación no es de vida o muerte, resultan mil reuniones y negocios antes que agendar un café o un rato para un simple encuentro casual en cualquier momento de la semana. Nuestro tiempo vale, sin duda,  y es precisamente por eso que deberíamos utilizarlo para cosas un poco más altruistas como dar compañía quien lo necesita o simplemente lo desea. Esa sería una manera muy especial de decirle que tan importante es para nosotros.

En una reciente reunión de amigos y amigas con sus respectivas parejas,  hice una encuesta en la que propuse la palabra “Tiempo” como opción de  respuesta dentro de las posibilidades para su próximo regalo de cumpleaños. La  mayoría eligió el tiempo de los demás como el presente ideal. Las lista incluía objetos personales, libros, ropa o cosas para la casa o la oficina pero juntos llegaron a la conclusión que preferían minutos en compañía de un interlocutor de confianza absoluta. Apúntenlo, les aseguro que será infalible ofrecer minutos de atención a partir de ahora. Parece sencillo y maravilloso no tener que invertir dinero para hacer un homenaje a quienes queremos , solo bastará con el tic-tac del reloj.

El tiempo de un amigo, de un familiar o de la pareja es imposible de comprar , de ahí el valor agregado y único. Deberíamos ofrecerlo con más frecuencia y  de forma desinteresada para acompañarnos en momentos que aparentan ser intrascendentes por la rutina diaria pero que tendrían un incalculable valor para la vida. Los recuerdos de los minutos compartidos son importantes para afianzar nuestras relaciones a través del tiempo.

De vez en cuando  quiero el tiempo de ciertas personas. Tiempo para que me oigan cuando necesito decir algo “importante” para mi. Tiempo para hablar de lo que me pasa o simplemente tiempo para preguntar sobre alguna decisión que implique mi futuro próximo. Quisiera que los demás me dieran su valioso tiempo para oirme repetir una y otra vez lo mismo o que se sienten a mi lado a leer o simplemente estar, incluso no tendríamos que  hablar de algo determinado ¿se supone que si me regalan su tiempo yo lo puedo usar en lo que quiera, o no?

En contraprestación a todo , prometo  solemnemente hacer el esfuerzo necesario y serio de ofrecer minutos y horas para hacer sentir a los demás que son importantes para mi y el resto del mundo. Aclaro que no podrá ser diario pero si semanal. Por cierto, el oficio de Dra. o Dr. Corazón está resultando muy apetecido por éstos días cuando nadie quiere oír los rollos amorosos de nadie. Valdría la pena montar consultorio privado con la única condición de aceptar un abrazo y un ” gracias por tu tiempo”  como pago por la sesión.

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Una cena con Stephen Hawking

He conocido a alguien muy especial. Físico y cosmólogo. Autodidacta hasta la fecha. Su nombre es Nicolas Posner. Desde muy joven comparte sus conocimientos y opiniones científicas con un pequeño grupo de personas: su familia Tiene trece años y un entusiasmo desbordante por aprender e investigar, hasta el punto de haber captado la atención del físico, astrofísico y cosmólogo más importante del mundo: Stephen Hawking.

La historia comenzó con un correo electrónico que Nicolas hizo llegar al físico británico Henry Hyde Thompson, amigo de su padre, en el que planteaba la posibilidad de hablar sobre algunos intereses intelectuales que necesitaban reflexión personal. Luego de un intercambio de correos, Hyde Thompson sugiere un reto nada fácil: debía escribirle una pregunta al doctor Stephen Hawking, porque existía la posibilidad de que al científico le hicieran llegar sus inquietudes y quizás tuviera la posibilidad de una respuesta. Nada podría haberse comparado con su emoción, aunque comprendía que tan sólo era una moneda al aire. Empezó entonces el arduo proyecto de formularle algo interesante al doctor Hawking. Varios días de investigación en el ordenador y la biblioteca de casa bastaron para lograrlo. Su pregunta estaba lista, y el destino final era Gonville y Caius, uno de los colegios más antiguos de la Universidad de Cambridge.

Nico y hawking

Nicolas me enseñó un documento en el que aparecía su pregunta. Me vi en la obligación de leer, releer y volver a leer. Guardé silencio. Eran conceptos completamente ajenos a mi. Quise darme unos minutos más de conversación para intentar comprender la idea. No tuve éxito. Y él sabía que empezar a explicármelo sería inútil.

Me contó que hubo que esperar dos largos meses para que llegaran noticias desde el Reino Unido. La respuesta no llegó. Pero sí una invitación para hacer su pregunta personalmente durante una cena privada junto a Stephen Hawking. Sus horas de lectura y disciplina tendrían la recompensa jamás imaginada. Su vida cambió para siempre.

Los Posner, padre e hijo, viajaron de Madrid a Londres. Allí se les unirían, Hyde Thompson y Matthew Perry otro experto en el tema. Juntos tomaron el tren a Cambridge, una experiencia que sólo había planeado en sus fantasías cuando a los 6 años leía el libro La clave secreta del Universo, escrito por Lucy Hawking y su padre. Nadie podría presagiar lo que estaba viviendo, y mucho menos lo que llegaría al ocultarse el sol.

Una primera taza de té era la excusa perfecta para romper el hielo entre todos invitados. Mejor aún, los elegidos. Junto a Nicolas, dos científicos, dos candidatos a doctorados de física, una aspirante a doctorado en música antigua, un billonario británico inversor en Biotecnología y por último un productor de cine. Escucharon atentos las instrucciones que dio el experto en tecnología y la asistente personal del profesor Hawking. La dinámica del encuentro tendría un protocolo específico dadas las circunstancias de comunicación e interacción que se tendrían en presencia de el anfitrión.

Nicolas lo sabía. Estaba preparado. Me explica con lujo de detalles que el astrofísico lleva un sensor pegado de sus gafas y ese dispositivo toca su mejilla. Con el músculo facial, el último de su cuerpo que tiene movimiento, puede hacer leves, casi imperceptibles, movimientos de arriba-abajo e izquierda-derecha. De esa forma, elige en la pantalla las opciones y la ubicación de las letras que necesita para armar una palabra y luego las frases. Un procesador de voz se encarga de transmitir el mensaje y darle vida a los pensamientos del profesor.

Nico y Einstein

“Hace algunos años ofrecieron mejorar el aspecto robotizado de los sonidos, pero el físico se negó, porque considera que esa es su verdadera voz, con la que el mundo entero le conoce. Él no es como nadie más. Es Hawking. No creo que le importe cómo luce por fuera. Simplemente se ocupa de sus pensamientos, de su interior. Cambiar su voz sería raro. Todos sabemos cómo habla gracias a ese procesador. Ese día pude comprobarlo cuando nos saludó y dijo: “Por favor, quiero que me llamen Stephen”.

Había ansiedad por empezar la ronda de preguntas. Fueron contestadas una por una a través de las grabaciones que “Stephen”, como quería ser tratado, tenía en su ordenador con algunas semanas de anticipación. El joven investigador era el tercero en la lista.

“No recuerdo mis palabras exactas al presentarme, porque me puse un poco nervioso, pero dije que me encantaba la física desde muy pequeño y que vivía en Madrid. Leí mi pregunta en voz alta: En cuanto a su hipótesis sobre la noción de que el horizonte aparente sustituya al horizonte de eventos y a los llamados cortafuegos, ¿cuál sería el catalizador necesario para la emisión de energía desde un horizonte aparente? ¿Se libera toda la energía al mismo tiempo, o se libera poco a poco siguiendo el orden en que ha sido absorbida? ¿Permanece esa energía en el/(nuestro) universo original? Si llega a viajar a otro universo, ¿podremos presenciar los efectos de energía entrando en nuestro universo? Y si eso es así, ¿cómo se manifestará?”

A lo que el científico respondió: “A diferencia de los horizontes de eventos, los horizontes aparentes son finitos. Menguarán hasta alcanzar el tamaño de Planck y acabarán con la emisión de dos partículas de energía de Planck. La energía masa del agujero negro permanecerá en nuestro universo, y no habrá ninguna conexión con otro universo”.

Me quedé sin palabras, como probablemente muchos de ustedes lo estén ahora que leen la pregunta. Pero a diferencia nuestra, Nicolas me dijo: “Quedé muy satisfecho con la respuesta”. Ha guardado con reserva lo sucedido, porque cree que no debe ser un tema de conversación en la cafetería de su colegio. “Creerían que es broma. Yo sólo fui buscando una respuesta y me regaló su libro con una dedicatoria y su huella digital en tinta negra. Es su firma, y ha sido un gran honor conocerle, eso es todo”. Sus hermanas Natalie y Laura tejieron una pulsera en hilo azul como recuerdo para Hawking. Eran además las encargadas de subir una imagen a las redes, porque se sienten muy orgullosas de Nicolas. Como todos aquellos que desde muy pequeño han visto la pasión que le produce la cosmología.

Esa noche, el más joven de los comensales superó todas las expectativas. Se sentía cómodo. Libre. Incluso se animó a contar un chiste, y al preguntarle por la reacción de Hawking, contesta emocionado: “¡El me respondió con un biiip!. Cuando se ríe o quiere demostrar que se ha divertido, tiene una forma de hacer un biiip con su procesador de voz. Así que creo que le gustó”.

Hace unos días Nicolas fue al cine a ver la película La Teoría del todo. Me dice que la disfrutó mucho. Sin duda, es un niño con suerte. Pocos podrán contar su historia. Sus días transcurren como los de cualquier estudiante de su edad. Entre el colegio y sus actividades deportivas que, en su caso, es la natación. Es quizás lo que más le gusta aparte de leer e investigar. Al preguntarle por su aspiración profesional cuando sea mayor, fue muy claro en explicar que la física le fascina, pero no está seguro de querer dedicarse a ella en el futuro: ¿Cómo motivar a los demás adolescentes?, le pregunté.

“No necesitas ser un doctor en Física, ni siquiera haber terminado una carrera para disfrutarla u opinar sobre ella. Tampoco tienes que saber cálculo. Porque la verdad, es muy difícil para nuestra edad. Sólo basta con querer saber sobre los conceptos, las ideas. Eso sí puede rondar por tu cabeza desde niño. Y de esa forma, podrás hacer preguntas y cuestionarte sobre lo que pasa en el universo”, concluye Posner.

Antes de despedirme, le pregunté si ya existía una alternativa tecnológica en caso de que el doctor Hawking sufriera una parálisis en su músculo facial y pudiera quedar aislado del mundo. Con la determinación digna de un auténtico científico me respondió: “No existe todavía, pero la habrá”.

Este artículo fue publicado para http://www.huffingtonpost.es/marcela-sarmiento/una-cena-con-stephen_b_6678174.html

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Héroes

Los invitados comenzaron a llegar desde las seis de la mañana. Una hora algo particular para empezar a celebrar. Pero es época de Navidad y motivo suficiente para cumplir con un compromiso que prometía un día feliz e inolvidable.

Luciendo ropa deportiva y una auténtica sonrisa cumplían a la perfección con el protocolo de la fiesta a la que asistían. Reunidos en una carpa gigante en pleno centro de Bogotá y junto a sus familiares y seres queridos, trescientos héroes colombianos protagonizaron una jornada de solidaridad. Merecida. Aun en condiciones físicas limitadas por culpa de la guerra, éstos jóvenes hacían una entrada triunfal al evento dispuesto para su homenaje. No era para menos. Era el día para confirmar que aún en la adversidad también existen desconocidos que están dispuestos a dar la mano. A levantar el ánimo. Con la gratitud se le rinde honor a los valientes. Miles dieron las gracias. Miles de colombianos se hicieron presentes. Fueron 54.668 personas las que durante 2014 dieron su aporte para que la campaña anual de solidaridad de La W Radio liderada por su director Julio Sanchez Cristo fuera un éxito. Entre todos fue posible.

Los invitados se abrían paso muy lentamente con la ayuda de sus bastones blancos y muletas. Otros lo hacían con sus recién estrenadas prótesis. También buscaban un puesto cerca del escenario aquellos en sillas de ruedas. La presencia de los héroes heridos en combate siempre es digna de respeto y admiración, así que todo sucedía con naturalidad.

No hubo necesidad de hacer muchas preguntas. Casi todos estaban dispuestos a hablar e incluso a hacerlo públicamente a través de los micrófonos de La W Radio. Compartieron sus anécdotas durante el programa radial en su honor y lograron calmar esa curiosidad que nos embarga a quienes nos hacemos las preguntas sobre cómo, cuándo o dónde los tomó por sorpresa la tragedia. Como negar que son historias cargadas de dolor, pero al mismo tiempo no sé cómo, pero en ellos se puede sentir un tono optimista aun con las cicatrices que les ha dejado la guerra.

El destino les permitió sortear la muerte pero el reto de salir adelante después de lo sucedido no será fácil y lo saben. Hay posibilidades , eso también lo saben, pero la ayuda del gobierno y de la ciudadanía en campañas solidarias como a la que asisten será clave para su futuro. Algunos no volverán a ser lo que fueron, pero pacientemente tendrán que empezar a ser conscientes de que tienen una segunda oportunidad.

No están solos y eso ha quedado claro luego de ver las cifras de donaciones hechas por los oyentes, y también del apoyo de la Presidencia y el Ministerio de defensa. En total, se recaudaron más de 2.5 millones euros entre viviendas, becas de estudio, tabletas electrónicas, móviles, canastas con productos de aseo y alimentación y, finalmente, cada uno recibió una maleta de viaje. Hubo lágrimas de felicidad. Fueron momentos emocionantes para los soldados, sus familiares y todos los asistentes. Por fin hubo recompensa, emocional y económica. Incluso uno de los aportes más significativos con el que cuentan éste año ha sido la vinculación de Juan Diego Gómez, doctor en ciencias de la computación, actualmente investigador en BIOS y quien ha puesto a disposición todos sus conocimientos en el área de sistemas biológicos y computacionales para mejorar la calidad de vida de los héroes heridos en combate.

La mayoría ha sido víctima de campos minados, explosiones y balas. Sin embargo, su capacidad para salir adelante parece ser imbatible. Las mutilaciones se han llevado pedazos de su cuerpo, pero aún se percibe en ellos las ganas cumplir sus sueños. Son todos tan jóvenes y llenos de vida que, sin duda, merecen volver a empezar.

La imagen del acto de homenaje pertenece a la radio La W

Publicado para http://www.huffingtonpost.es/marcela-sarmiento/heroes_1_b_6366944.html

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Conversación con la cerveza

Las grandes amistades no se hacen en las lecherías, dice un amigo inglés. Si insistimos en opinar lo contrario, serán varias las generaciones que puedan comprobar y demostrar que es en los bares donde las amistades tienen posibilidades de trascender. En un bar, los momentos buenos o malos siempre encuentran un espacio para no pasar desapercibidos, y se convierten entonces en los sitios propicios para encontrarnos y entregarnos a simples pero auténticas conversaciones sobre la vida. Nada mejor que un bar para las confesiones. Las anécdotas son infinitas. Probablemente, sentarse con algún amigo y empezar la noche con una cerveza puede ser uno de los grandes placeres de la vida de millones de personas. No haría falta comprobar las cifras.

Sólo basta sentarse a observar cómo los visitantes de un bar llegan desprevenidos para luego pedir la primera cerveza después de una larga jornada de trabajo. Resulta ser una descarga de las tensiones del día. Y sin importar quién se encuentra a un lado, el ritual de saborearla se cumple con absoluta naturalidad. Algunos lo hacen en solitario, pero eso es lo de menos, porque a continuación del primer sorbo llega la complicidad entre quienes comparten la barra. A diferencia de otras bebidas, la cerveza te hace sentir en el mismo plano con cualquiera que se encuentre a tu lado. Parece a simple vista que con una cerveza en la mano no hay pretensiones. No se marcan diferencias. Se enciende un ecualizador de frecuencias sociales, incluso entre hombres y mujeres.

Como periodista en ejercicio profesional, asisto a diversos escenarios sociales y culturales. Luego del deber cumplido, viene bien una cerveza entre colegas. En primera instancia, nos refresca, y esa misma sensación se traspasa a nuestra conversación, aunque no tenga nada que ver con el evento que cubrimos como comunicadores. Cada uno pide la de su preferencia, y en algunos casos, la decisión puede llegar a ser emocional si por casualidad nos dan la opción de elegir entre alguna marca que nos recuerde nuestro país. Es innegable la relación tan estrecha entre una cosa y la otra. Es como un sello de identidad que logra incluso entrar en los terrenos del orgullo personal cuando se está lejos de casa. Aún con la amplia oferta que tenemos a nuestra disposición, nada como la marca de toda la vida para sentirnos cerca a los nuestros.

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Durante un viaje a Ciudad de México, conversé con Marc Busain, CEO de Heineken México (Cuauhtémoc Moctezuma) y experto en el tema y con experiencia en África, Europa y ahora, Latinoamérica. Tenía curiosidad por saber qué papel juega la herencia cultural de los países en cuanto al consumo de cerveza.

“Aunque existan diferencias culturales entre los continentes y sus respectivas tradiciones, lo verdaderamente interesante es que no se trata sólo de un producto líquido con bajo contenido en alcohol, la cerveza representa realmente buenos momentos con los amigos. En todos esos lugares donde he trabajado, la cerveza juega un rol cultural muy importante, porque se sirve en bares, pubs y restaurantes que son plataformas sociales y culturales”.

En este momento en el que la presencia física empieza a ser un privilegio ante la multiplicación de amigos virtuales, compartir tiempo con los demás alrededor de la mesa de cualquier bar o restaurante, en mi opinión resulta imprescindible. Son esos espacios de encuentro los que generan que la cultura de la cerveza tenga tanta importancia entre los adultos jóvenes hoy en día. Pero al mismo tiempo, las redes sociales, tendencia actual, son igualmente valiosas para llegar al mismo grupo de consumidores para convocatorias a eventos de diferente índole, y también para la transmisión de mensajes de forma inmediata y reiterativa, todas relacionadas con el consumo.

“Nuestras campañas insisten permanentemente en la importancia del consumo inteligente y la más reciente, ‘No te hagas Güey’, lanzada junto a la Cámara Nacional de la Industria de la Cerveza es un buen ejemplo de lo que estamos haciendo los cerveceros de México para promover el consumo responsable”.

Pero independientemente de la generación o grupo al que pertenezca, no dudo de que experimentar me ha llevado a aprender que me gusta beber en mis ratos de ocio. Siempre será clave el lugar donde hayas crecido y la personalidad que hayas cosechado en el entorno personal y laboral.

“La cultura mexicana, en especial la del norte del país, es cervecera. Los buenos momentos siempre incluyen una cerveza. Obviamente, el clima es un elemento esencial que explica el fenómeno de por qué el consumo per capita allí es más alto que en el resto del país. Todas nuestras marcas tienen un perfil de consumidor específico. Los adultos jóvenes a los que les gusta el rock alternativo prefieren Indio, pero quienes buscan ser más interesantes y estar a la moda se identifican con Dos equis. Tecate tiene probablemente un consumidor macho que busca pasar tiempo con sus amigos”, concluye Busain.

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Generalmente, cuando llevamos ciertos años experimentando con diferentes sabores, logramos determinar con exactitud qué queremos y a qué horas nos sentimos más a gusto con una u otra bebida. En mi caso, siempre tendré en cuenta mi estado de ánimo, aunque el horario también se cuela a la hora de tomar de mis decisiones. Pero siempre he sentido inquietud por los nuevos consumidores. Aquellos que cumplen su mayoría de edad y empiezan a buscar con qué se sienten más cómodos y satisfechos dentro del amplio espectro de bebidas alcohólicas. Tarea nada fácil. Mi primer sorbo de contenido alcohólico fue de cerveza. Así que no tuve más remedio que preguntarle al señor Busain si, en su experiencia como conocedor del mercado, éste caso podría considerarse como el primer paso para perder la virginidad alcohólica. “No. No creo que la cerveza lo sea. El sabor amargo sigue siendo el factor de rechazo más alto entre los adultos jóvenes. Quizás las mezclas dulces sean probablemente los detonantes para perder la virginidad, en términos de la primera vez que se experimenta con el alcohol”. Él dijo no recordar qué sucedió en su caso, pero confiesa que después de muchos años siendo parte de la cultura cervecera y de catar tanto, ha llegado a la conclusión de que su paladar ha evolucionado hacia la preferencia por una lager de calidad. Incluso me cuenta que su preferida es la que cada fin de semana le ayuda a recuperarse luego de sus largas jornadas de bicicleta. Es un ciclista fanático y afirma que está científicamente demostrado que contiene antioxidantes, vitaminas y no contiene grasa ni minerales, lo que la hace una bebida aún más interesante para él.

En un mundo en el que prolifera la información acerca de las marcas, las bebidas y los alimentos de lujo, confirmo una vez más mi aprecio y afecto hacia la cerveza y lo que representa para la sociedad. Ella no pertenece a nadie, pero tiene un lugar especial a donde quiera que voy.

Esta columna fue originalmente escrita para http://www.huffingtonpost.es.

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