Toda la tribu

Ni la mejor escena de Breaking Bad, la popular serie norteamericana, podría superar la historia de una mujer en Delaware, Estados Unidos. Su pequeña hija de cuatro años cometió la travesura de su vida. Repartió bolsas de heroína finamente empacadas a sus compañeros de guardería. Es como para no creer. Pero lo más desalentador es que no es la primera vez ni será la última . Las condiciones de vida a las que son sometidos millones de niños en el mundo no son prometedoras.

Las agencias de servicios sociales no dan abasto y no hay presupuesto que valga para salvarlos de situaciones límite que en muchos casos no tienen final de cuento de hadas.

Son testigos de violencia intrafamiliar. Otras veces son las víctimas directas de abusos por parte de los adultos con los que conviven incluyendo sus padres. Les toca lidiar con los ambientes hostiles en los que no hay una sola palabra de aliento, motivación o cariño. Acuden a sus lugares de estudio cargando consigo ansiedad, angustia y en otros casos bolsas de droga o armas letales que comparten con sus amigos como gesto de generosidad durante su jornada escolar.

La crianza de los hijos es una de las tareas más difíciles que debemos llevar a cabo. Se necesita compromiso. Mucho. Devoción y constancia. Pero sobre todo responsabilidad. Es cierto que los padres somos los llamados a ello pero el resto de la tribu también es fundamental para proteger, ayudar y sacar adelante los niños de la familia. Un consejo a tiempo. Un abrazo. Un día libre para compartir con ellos y hacer las preguntas más simples : ¿cómo estás? ¿en que te puedo ayudar? ¿ qué tal va el colegio? ¿quiénes son tus amigos?. En casos más urgentes no deberíamos dudar en actuar como un clan e intervenir e interceder por los más pequeños cuando vemos que las cosas en casa no funcionan de forma saludable. Apelamos al respeto a la intimidad porque nos tacharían de entrometidos y atrevidos. Llegamos a la conclusión de que los responsables de esos niños son sólo sus padres y para eso los tienen. Pero no. A veces no. Los niños no saben pedir ayuda. Sus padres mucho menos. Quienes miran de cerca evitan mojarse. Voltean la mirada. Es más fácil y cómodo no meterse en problemas ajenos. Pero preguntar no está mal cuando lo hacemos de manera respetuosa, bondadosa y con el ánimo de darle apoyo o una luz a quien la necesita. Así como existen prestamos de dinero entre amigos también deberíamos estar en la capacidad de apoyar emocionalmente a los mismos con el único objetivo de arropar a los niños con los que compartimos. Sobrinos, primos, nietos y por supuesto hijos de nuestros amigos. Si hay verdadero sentido de amistad no habrá impedimento para una conversación y ofrecer ayuda cuando es evidente que la necesitamos. La típica frase : “ a mis hijos los crío yo y nadie se mete” , la encuentro soberbia y arrogante sobre todo cuando no se está a la altura del compromiso. Todos necesitamos cooperación en algún momento de la vida, aún más cuando hay niños y la tribu debería estar ahí para auxiliarnos. Fijar los limites de educación es una tarea íntima pero teniendo en cuenta que quienes nos aprecian siempre querrán lo mejor para nosotros y por ende el bien de nuestros hijos.

(Publicado originalmente para http://theobjective.com/blog/es/Marcela_Sarmiento/2014/10/10/drogas)

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