Paulina

Respetada Sra. Matute:

Hace algunos años recibí de regalo un libro llamado Paulina. Le confieso que sentí emoción al saber que existía un escrito que llevara como título el nombre de mi hija mayor. Si. Usted sabe que las madres somos así. Por aquel entonces vivía en Estados Unidos y no tenía conocimiento de su existencia, sin embargo Lourdes, una amiga española al enterarse de la coincidencia quiso hacerme una oferta y prometió enviármelo desde Barcelona con la condición de que lo leyera. Pensé que sólo sería un arrebato del momento y quedaría en una simple promesa. Para sorpresa mía , meses después recibí un paquete procedente de España con un ejemplar de su obra.

Al ver la portada sentí ternura. La ilustración era de una niña con un caballito de madera que evocaba la infancia de otros tiempos. Pensé de inmediato en la remitente del envío. Ella había cumplido con su parte del trato y yo me veía en la necesidad de cumplir con la mía. Hoy a través de ésta carta quisiera contarle que después de varios años de haberlo leído , el personaje central de su historia sigue presente en mi memoria. Las experiencias de su Paulina en casa de los abuelos y la forma como sin proponérselo empieza a dar lecciones de vida a través su actitud hacia las cosas que la rodean, es fascinante. Paulina tiene un espíritu particular. Atesora el valor de la amistad y la relación que establece con su compañero invidente, es la mejor forma de demostrarlo.

Hoy quisiera contarle señora Matute, que mi Paulina es muy especial. Es una amante de la lectura. Le emocionan las novelas románticas. Pero de igual manera disfruta de la ciencia ficción y últimamente de las historias de misterio. Años atrás intenté leerle algunos párrafos del libro que lleva su nombre para que se familiarizara con el personaje mientras llegaba el momento de su propia lectura. Y creo que ha llegado la hora de entregarle la copia que alguna vez fue mía porque quisiera que la disfrutase como yo lo hice. Le cuento entonces que lo tomé prestado de la biblioteca de casa y lo he entregado envuelto en papel de regalo. También he escrito una dedicatoria junto a la de Lourdes que dice : “A mi Paulina , quién encontrará en otra Paulina la inspiración para ser una persona valiente y compasiva.” Estoy convencida que ésta es una forma simple de hacerle un homenaje a usted quien acaba de emprender un largo viaje. Quisiera comentarle antes de despedirme, que seré siempre una fiel admiradora suya y que la butaca K que ocupaba en la Real Academia de la Lengua seguramente extrañará su presencia. Quienes nos quedamos tenemos la fortuna de continuar leyendo su obra y entregarla a las nuevas generaciones. Con respecto al triunfo de su historia en manos de la joven lectora que vive conmigo, no hay de que preocuparse porque solo con el título ya ha logrado cautivarla.

Usted alguna vez parió a una niña llamada Paulina para hacerla protagonista de un cuento y yo lo hice algunos años después para aprender que en la vida real también existen niñas tan especiales como la suya. Gracias por Paulina y buen viaje , Señora.

(Publicado originalmente para http://theobjective.com)

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